PLAZA BENALCAZAR, ¿RAÍZ DE QUITO?
Dicen que cuando uno quiere saber de dónde es, tiene que volver al primer lugar donde alguien dijo: aquí.
En Quito, ese aquí está en la Plaza Benalcázar.
Antes de que existieran iglesias y balcones, este era un punto de poder. No un parque, no una plaza bonita, sino el centro de una ciudad indígena que controlaba caminos, comercio y territorio. Quito ya era importante antes de llamarse Quito.
Cuando los españoles se acercaron, pasó algo poco común en la historia de las ciudades: no la tomaron, la encontraron quemada. El general inca Rumiñahui ordenó incendiarla. Prefirió dejar cenizas antes que entregar la ciudad intacta. Por eso, durante años, los conquistadores hablaron de una “ciudad perdida”.
Sobre esas cenizas, el 6 de diciembre de 1534, Sebastián de Benalcázar fundó la ciudad española de Quito. El acto simbólico se hizo aquí, en este mismo sitio. No fue casual: los conquistadores solían fundar sobre los antiguos centros de poder indígena.
Hay un dato curioso que pocos notan: muchas calles del Centro Histórico siguen caminos prehispánicos, no europeos. Quito no fue borrada del mapa; fue construida encima. Las piedras cambiaron de forma, pero no de lugar.
Hoy la plaza es pequeña, casi invisible entre edificios oficiales. La gente pasa rápido, sin saber que ahí se cruzaron imperios, que ahí ardió una ciudad y que ahí empezó otra.
Por eso este lugar no es solo una plaza.
Es una raíz.
Y de ahí, aunque no lo sepamos, somos todos.