¿POR QUÉ ME DA MIEDO SALIR?
Me da miedo salir, y no debería dar miedo salir de tu casa o de tu trabajo. Me da miedo porque ya no sé si regreso o si regreso igual. Antes el miedo era un susto, un “chch… dame todo lo que tienes”, regresabas temblando, con rabia, pero regresabas. Hoy no. Hoy el miedo es que te maten en plena calle, a plena luz del día, frente a todos. Que te persigan, que te amenacen y que nadie haga nada. Hoy ya no basta con entregar el celular ni con bajar la cabeza; hoy solo queda persignarse y esperar.
Y no, no es que no vea policías o agentes en las calles. Los veo, pero los veo perdidos, reactivos, llegando tarde, con miedo, cumpliendo horario más que protegiendo vidas. Y cuando quienes deben cuidarte también caminan con miedo, la pregunta es clara: ¿estamos solos?. Salir se volvió un acto de fe, fe en que hoy no te toque, fe en no ser la próxima noticia. Salimos con cara dura, con el ceño fruncido, no por valentía, sino por supervivencia.
Nos dicen que la seguridad no es competencia de unos, que la culpa es de otros y que están haciendo lo que pueden. Pero mientras se reparten discursos y excusas, nosotros repartimos despedidas largas, abrazos de más y oraciones antes de salir. Esto ya no es percepción ni estadística, es miedo real, cotidiano y normalizado. Y una ciudad que se acostumbra al miedo no es una ciudad segura, es una ciudad rendida.
No queremos más promesas ni fotos de operativos. Queremos volver a casa. Queremos salir sin pensar en morir. Queremos vivir sin pedirle permiso al miedo. Porque vivir con miedo no es vivir.